Otro más de Murakami para el montón: ‘Tokio blues / Norwegian wood’, ‘Sputnik, mi amor’, ‘Kafka en la orilla’, y ahora añado a mi colección particular ‘Sauce ciego, mujer dormida’. En realidad, antes de este último debería mencionar ‘After the quake’, un panfletillo breve, pero que compré en inglés y que me ha dado mucha pereza terminar. En todo caso, lo que diferencia a estos dos últimos de todos los anteriores es que no son novelas, sino colecciones de relatos más o menos breves. El propio Murakami, fiel a su particular estilo, lo explica en el primer párrafo del prólogo/presentación del libro.

Por decirlo de la forma más sencilla posible, para mí escribir novelas es un reto, escribir cuentos es un placer. Si escribir novelas es como plantar un bosque, entonces escribir cuentos se parece más a plantar un jardín. Los dos procesos se complementan y crean un paisaje completo que atesoro. El follaje verde de los árboles proyecta una sombra agradable sobre la tierra, y el viento hace crujir las hojas, que a veces están teñidas de oro brillante. Mientras tanto, en el jardín aparecen yemas en las flores y los pétalos de colores atraen a las abejas y a las mariposas, y ello nos recuerda la sutil transición de una estación a la siguiente. [...]

– Haruki Murakami. Prólogo de ‘Sauce ciego, mujer dormida’.

Lo he leído de forma tan atropellada/desordenada que no me ha dejado el mismo buen sabor de boca que los anteriores. Además, la permanente ruptura de ritmo entre relato y relato, sin tiempo para desarrollar el ambiente característico de las las novelas de Murakami, no juega a favor del libro. En cualquier caso, me ha gustado y es totalmente recomendable. No deja de tener los ingredientes para encantarme: ‘[...] crea personajes inolvidables, enfrentados al dolor o al amor, o melancólicos, vulnerables y necesitados de afecto. Murakami en estado puro‘.


David es el reponsable de sistemas en Tuenti. Es la persona última sobre la que recae el peso de mantener bien engrasados los 14 servidores que forman la infraestructura de la empresa con la que me gano los garbanzos. Además, en el mantenedor del paquete memcached en Debian, pieza fundamental dentro de toda la arquitectura web. Pues bien, gracias a él, el otro día conocía ememcached.

ememcached es una pieza de código absolutamente inútil, un pasatiempo, 100% prescindible… pero tan bella! Se trata de una implementación en Erlang de un servidor memcached -sea lo que sea eso; un día lo explico- hablando la versión binaria del protocolo -hay otra versión en texto más trivialota-.

No voy a descubrirle aquí a nadie la potencia de Erlang, su belleza, su naturalidad a la hora de implementar protocolos… Me quedo con la conclusión de su autor: la implementación en Erlang, no sólo es natural, es que es una documentación del protocolo mejor aún que la propia especificación. ¡Zas es toda la boca programación imperativa!


Mañana se cumplirán los seis meses viviendo en Capital City -aka, Madrid-. Desde los primeros días de despiste -un lío eso de no saber en que dirección caminar para cosas tan simples como comprar unas aspirinas o sacar unas fotocopias-, pasando por el insoportable calor del verano, y hasta estos agradables días de otoño, ha habido una constante: yo encarnando la versión galaica del rudo cazador de cocodrilos Michael Dundee, desorientado y perplejo en la gran ciudad.

Igual que el señor Dundee, mi conclusión fundamental es que estas personitas viven realmente mal. Lo bueno, para ellos, es que no lo saben. Antológicas algunas conversaciones al respecto entre nativos usuarios del transporte público que he tenido el gusto de presenciar gracias a interminables atascos de primera hora.

Sea como fuere, ni esto en NYC, ni yo vengo de Australia. Esto no está más que a una hora de avión de donde siempre he vivido. Y sin embargo, no hay semana en la que situaciones que los locales asumen con normalidad, a mi me resulten risibles. Intentaré ir elaborando una colección de ellas en forma de posts.


rezets.com es yet another sitio web recopilatorio de recetas de cocina, a día de hoy todavía descrito como una excusa para jugar con Ruby on Rails. Veremos si para cuando se me despierte de nuevo el lado cocinillas me atrevo a contribuir con algo. Por lo de pronto, a mi me gusta mucho su estilo sencillo y ese aire casero que tiene, así que, sin hacer de menos a La Cocina de Lechuza, os lo recomiendo a todos.


Corría el invierno de 2004 cuando desde el aburrimiento máximo de mi casa de Bristol se me ocurrió apuntarme a la moda de los blogs. Después de 1.808 días on-line, 681 posts y nada menos que 4.601 comentarios, desde uno mismo, hasta la propia Internet en que este site sobrevive, han cambiado una barbaridad.

Con tanto cambio, se me ha ocurrido que era buen momento para reinventar el panfleto. Los últimos casi cinco años de historias, anécdotas y tonterías seguirán donde siempre. El futuro empieza aquí, con una nueva hoja en blanco que el tiempo dirá lo que da de si.


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